Soy yo, aquél que vive encerrado en una paradoja tan compleja como la vida misma, con sentimientos y emociones que sólo despiertan por la necesidad de atrapar algún recuerdo y intentar hacerlo realidad.
Soy yo, el que tal vez crees conocer; pero, que jamás tocaste su verdadera personalidad. Vivo a mil por hora, la monotonía me agobia, sólo el propósito desenfadado me causa un leve interés por fijarme en aquellos que de alguna forman intentan desbarajar lo que intento crear: un mundo sin complejos, sin necesidades y con sentido del derecho a la duda.
Soy yo, quien busca la verdadera felicidad de satisfacer su orgullo de ser admirado más allá de la velocidad de la luz. No me importa los títulos estúpidos, ni la necesidad misma de ser alguien por ego propio, mis sueños van más allá de lo que llaman Dios, mis sueños están en un nuevo comienzo, en un nuevo despertar.
Soy yo, quien odia las clases sociales, las diferencias raciales y la absurda monarquía. Desesperado por hacer y no pensar, interesado en soplar la excitación de una sociedad que continúa arrodillándose ante un monumento, masturbando la muerte para no caer en el principio del fin.
Soy yo, un tipo que tiene miedo de hablar en público y socializar con quien no debe. Me da pavor el expresarme con la misma abstracticidad ante todos y que me crean un desquiciado, siempre tengo que hacerme el de imaginación vaga para despertar un aplauso por compromiso.
Soy yo, el que no cree en Dios; pero, a veces siente que es necesario. El que suele llorar por dentro cuando está feliz por fuera, el que intenta adecuarse al sentimiendo encajado de los demás para sentirse uno de ellos.
La sombra de mi personalidad oculta un sabor a tristeza, tristeza por todo lo que tengo que ocultar para seguir esta continuidad, respetando la esencia de mis genes, creyendo que: si es tan duro ahora, es porque ya estoy cerca de mis sueños.

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