Andando voy por la ciudad buscando la manera de deshacerme de una botella de plástico, miro a los costados de la avenida y no veo ni un tacho de basura, sólo restos de los que algún día lo fueron. Los malandrines de la ciudad se los llevaron, sigo caminando y encuentro a una señora algo incómoda por su situación económica y con algo de verguenza vende caramelos, yo a cinco metros de ella no sé si cruzar la calle o decirle a la señora otro día (respuesta sin efecto), decido enfrentar a la señora y al estar a un metro de ella, logro divisar a un par de niños (hijos de ella) con la sonrisa característica de su edad pero con la mirada perdida, con algo de pena saco los dos soles que tengo en el bolsillo y se los doy.
Después de imaginar a la señora en una vida de impacto, reviso mis bolsillos y era lo único que tenía, algo preocupado pero feliz por concretar la frase “no des lo que te sobra”, sigo con mi camino, estoy lejos de mi destino final, pero no importa, me interesa más el bienestar ajeno (al menos en ese momento). Estoy por la avenida más larga de mi ciudad, respiro tranquilidad y ganas de pensar en muchas cosas, ¡eso me gusta!.
Ya caminé demasiado, no siento cansancio pero sí aburrimiento, ya pensé muchas cosas, en los problemas y la realidad distorsionada que vivo, veo a un conocido por la calle y hago algo que nunca hice, le digo !oe qué tal! -con furor- me dice !habla! y ahí se acaba la incómoda situación, no sé porque lo hice pero aproveché tal situación para despejar la adrenalina que llevaba dentro.
Sigo mi camino y veo una tienda con un juego muy común en mi ciudad, esos de tipo tragamoneda pero supuestamente para niños. Tenía 20 céntimos por algún bolsillo y decido gastarlos sin la intención de ganar, y como no sabía maniobrar tal máquina le doy todo a un sólo recurso y bingo gané 2 soles, me parecía ilógico en ese momento, recuperé los dos soles que doné anteriormente. Con la mirada perdida pienso en aquella paradoja que Dios premia a los que hacen el bien, pero también se me viene a la mente !gracias a Dios que no me gustan los casinos!, con esa simple casualidad sin necesidad de artificialismo. Sigo mi camino.
Con los dos soles recuperados tomo un bus. En el bus se respiraba un ambiente cálido y con buena música, estaba sonando una canción de Rossana, pero con despreciable vulgaridad cambian a una canción de un grupo chicha. Hago uso de la vista, y veo lo que sucede en la calle, en una esquina el carro se llena y en la otra esquina una señora promedio de 70 años sube al carro, yo me paro al instante para cederle mi sitio, pero la señora me dice que siga sentado que no me preocupara, le miro a los ojos y concibo que ella no se siente una anciana para que le cedan el asiento. Le hago caso y sigo sentado pero con incomodidad porque la gente me miraba como si fuese yo un mal educado, para mi mala suerte los sentados eran personas que sobrepasaban los 50 años.
Después de 15 minutos en el microbús, una conversación de las personas de adelante me llama la atención, porque se aconsejaban que no coman carne de cerdo por la gripe porcina, estupefacto por tal afirmación hago caso a alguien que me llamaba, pensé que no era para mí pero al voltear era una persona que no conocía para nada, cuando el carro queda con pocas personas él se me acerca y me pregunta si veo a la gente de la promo, le digo que no lo conozco, él me dice que soy idéntico a alguien, que cualquiera se confundiría, hago una mueca de incomodidad y bajo dos cuadras antes de mi destino.
En el recorrido a pie hacia mi domicilio, veo un tacho de basura y boto mi botella de plástico. Relajado y con las ganas de empezar de nuevo, entro a mi casa y veo a un limitado ser con una emoción tremenda que muchas veces menospreciaba pero esta vez le tomé atención y acaricié su cabeza y le di la mitad de mi almuerzo, era mi perro.
Terminando de almorzar prendo el televisor, pensando en que la necesidad de la anhelada felicidad está en vivir constantemente aquella oportunidad que los demás pueden darte, no importando la apariencia social, ni el equilibrio entre dar y recibir. Presiento que se avecina un gran cambio, pero por ahora disfruto de la necesidad de cambiar.
Escribí este post escuchando: < Vico C – Tony Presidio >


